En manufactura alimentaria de alto ritmo, la exposición diaria a maquinaria en movimiento genera riesgos que los resguardos instalados no siempre cubren. El encargo tenía tres exigencias simultáneas.
Primero, cumplimiento dual: la planta debe responder a las Normas Oficiales Mexicanas y, además, a un estándar corporativo global de seguridad en maquinaria más exigente que la propia norma nacional en varios puntos. Segundo, verificación objetiva: dictaminar guarda por guarda con criterio técnico y trazable, no por percepción ni por inspección visual genérica.
Tercero, equilibrio real de operación: cualquier propuesta tenía que sostener a la vez seguridad, productividad, inocuidad alimentaria —materiales sanitarios, capacidad de limpieza— y accesibilidad para operar y dar mantenimiento, bajo el principio ALARP (reducción del riesgo hasta donde sea razonablemente practicable).
Fijamos desde el arranque el criterio rector del estudio: ante discrepancia entre el estándar corporativo, la NOM y la norma internacional, prevalece el requisito más estricto.